
En Extremadura, en la Sierra de Gata, se esconde un pequeño tesoro, un lugar mágico rodeado de magestuosos robledales de colores rojizos por el paso de la nueva temporada otoñal. Este valle, está cubierto por una exuberante vegetación que se mezcla con el humo de las pequeñas casas escondidas para resguardarse del intenso frío del mes de Noviembre.
El avance de la agricultura, no ha acabado dominando a este pequeño pueblecito que visité hace ahora un escaso mes, pero que ha imprenganado de bellos recuerdos mis pensamientos. Su paisaje se encuentra intacto, una simbiosis perfecta entre nuestro mundo y la naturaleza.
Este pueblo museo, es un reducto intacto de nuestra historia, para el disfrute del paseante y del/la amante de la naturaleza.
Un pueblo que no puede faltar en la lista de visitas.