Yo no quiero ser una Rana Hervida!!!

Fuente: Google

Si colocáramos una rana en una olla con agua muy caliente, la primera reacción de la rana es saltar de inmediato para poder preservar su vida, pero si calentamos el agua muy lentamente, el animal será incapaz de detectar la amenaza y permanecerá inmovil propiciando de este modo su desaparición.

 

Como la rana hervida, los seres humanos respondemos igualmente ante los problemas ambientales. Somos espectadores pasivos, debido a que no percibimos los cambios que se están experimentando a nuestro alrededor a una velocidad lo suficientemente rápido, como para responder ante nuestra supervivencia, como lo podemos hacer cuando retiramos nuestra mano al contacto con un objeto caliente.

Necesitamos experiencias impactantes que nos activen, que no den paso al olvido y que nos involucren en el proceso de transformación, pero eso es complicado, si hablamos de fenómenos con muy poca velocidad de percepción como puede ser el cambio climático…“Si no vemos, no creemos”.

Otra de las numerosas escusas que las ranas pueden poner ante el problema de la olla hervida, puede ser la búsqueda de culpables, como: “si me hubieran dicho algo”, “si la olla no hubiera estado allí”, “la culpa fue de la otra rana que no me informó de la menera adecuada”… estas y otras muchas, son las posibles respuestas que podemos dar a la hora de buscar soluciones a los problemas ambientales, y esto nos aleja indefinidamente de la posibilidad de buscar posibles soluciones a la realidad ambiental que se está forjando a nuestro alrededor.

Si las ranas hubieran conocido a la rana hervida, su comportamiento ante posibles ollas puede ser modificado, pero si no pertenecía a la comunidad, no se tendrá en cuenta la información obtenida para evitar posibles desapariciones en la especie. Los seres humanos, reaccionamos según las fronteras geográficas, si los daños ocasionados por los problemas ambientales están cerca de nuestro círculo de influencia, actuamos ya que vemos materializado nuestras posibles intervenciones para mejorar nuestro entorno, pero si es a mayor escala, pensamos que nuestras acciones pueden tener poco o escaso impacto.

Ser conscientes de nuestros procesos mentales ante la realidad ambiental, nos ayudará a ser capaces de mirar las ollas con otra perspectiva, si no con el paso del tiempo, pasaremos a ser todos y todas…. ranas hervidas.

Anuncios

¿Por qué no funcionan las campañas de Educación Ambiental?

Fuente: jorgemiente.es

Nunca pensé que estaría tanto tiempo sin escribir, pero así ha sido….¿hace cuanto tiempo? Dos meses? Quizás un poco menos, no? Os preguntaréis que es lo que he estado haciendo, pues si os digo la verdad, tardaría mucho tiempo en contaros las miles de cosas que han sucedido, pero lo que si os puedo resumir, es una de las grandes cuestiones que me han surgido durante este gran lapso de tiempo.

 Hace aproximadamente tres meses, comenzamos en alma natura, con un programa con un nombre difícil de memorizar, Programa de Educación Ambiental en el Entorno del Parque Natural Sierra de Aracena y Picos de Aroche de la Consejería de Medio Ambiente ¿lo habéis memorizado? A mí todavía me cuesta… A lo que iba, este programa lo hemos enfocado como diagnóstico, con el sencillo motivo de poder ver las necesidades de los habitantes de este espacio natural y poder canalizar los esfuerzos en futuras actuaciones. Después de esta grata experiencia y poder estudiar de cerca la realidad ambiental de varios colectivos, me cuestioné la gran pregunta: ¿Por qué no funcionan las campañas de Educación Ambiental? ¿Qué es lo que nos impide llegar a la gente?

 Sin duda, se me planteó un gran reto y después de indagar, me di cuenta que no era una sola cuestión sino varias. Algunas de ellas son tan obvias que son hasta difíciles de definir. Si os parece, aquí os las presento, para ver que pensáis vosotros/as de todas ellas:

 1.- Obstáculos de la vida cotidiana, como el tiempo, el dinero, discapacidades, etc.

2.- “Para creer hay que ver”. La dependencia del ser humano a la información que percibimos a través de la vista.

3.- Selección de la información: Entendemos lo que nos interesa, lo que nos aporta beneficios directos y al instante.

4.- Somos camaleónicos: Cuando los cambios no son bruscos, el sistema nervioso se adapta a cualquier cosa, lo que hace que no nos demos cuenta de los cambios ambientales.

5.- Nos encanta las cercanías: Las personas nos motivamos por los beneficios a corto plazo, desestimamos los beneficios futuros.

6.- Podemos con todo: El ser humano puede y controla todo, al menos lo creemos así. Nada se nos puede descontrolar…

7.- Nos encanta buscar apoyo a nuestras teorías: No dejamos la mente abierta para que nos rebatan nuestros propios pensamientos.

8.- Atajar es la mejor medida: Como verdaderos seres pensantes, nos encanta buscar conclusiones cuando nos falta información, da menos dolor de cabeza.

9.- Por último, el Efecto Espectador: Cuando estamos acompañados/as, nos cuesta más trabajo intervenir en acciones porque nos relajamos. “Si hay más personas, ¿por qué lo tengo que hacer yo?”.

 Sin duda, tenemos muchos obstáculos para hacer frente, pero conocerlos y ser conscientes de ellos, nos harán conducir nuestras acciones como Educadores Ambientales, a una mayor efectividad en las campañas y programas ambientales.

 Pero ¿somos conscientes de nuestros propios errores? ¿Conocen las administraciones, fundaciones y educadores/as ambientales al ser humano lo suficiente como para conseguir buenos resultados de las acciones ambientales?

 Yo empezaré desde ahora conmigo, rompiendo la primera regla. ¿Te apuntas?